Recetas

Alimento refugio

Los alimentos se han transformado en un refugio emocional, como una especie de droga inocua presente en los cajones de las oficinas y a la vez, en enemigos silenciosos de los ejecutivos y empleados.

No es malo comer de vez en cuando golosinas o grasas “malas” sino que, el problema, es la relación viciosa que establecemos con ellas: cuando atravesamos un estado de ánimo determinado recurrimos a cierto tipo de alimento y viceversa.

El alimento actúa como un medicamento que altera a nivel hormonal y neuronal nuestro sistema. El “ataque” por un alimento no se hace en función de la necesidad de nutrición o del placer, sino para “facilitar la disminución de la angustia”. El hambre nada tiene que ver en éste proceso.

Los altos niveles de estrés en el individuo generan cortisol, una sustancia que bloquea en el sistema nervioso, el punto de saciedad dejando abierta la puerta para un consumo sin límites.

Químicamente cuando se ingieren azúcares refinados, harinas blancas o algún alimento que produce una descarga fuerte de azúcar en la sangre, se elevan los niveles de neurotransmisores que hacen sentir placer. Pero, como el cuerpo no puede tener niveles elevados de azúcar, actúa de inmediato la insulina, transformándola en grasa.

Cuando baja el nivel de azúcar, desciende el estado de ánimo y el individuo se vuelve a sentir triste y reincide. El alimento-refugio hace que nos atasquemos y no advirtamos que es uno quien debe moverse. En el proceso de este círculo vicioso, la empresa empieza a sumar costos: por falta de creatividad y productividad de su gente; pérdida de oportunidades; gastos médicos para la atención de afecciones físicas derivadas de las distorsiones alimenticias y ausentismo.

Un solo dato demuestra la gravedad de la situación: del total de las bajas anuales por enfermedad, 39% tienen como causa la angustia, según cálculos realizados por especialistas en medicina laboral.

El plan de alimentación es un proceso, no una circunstancia.

Es un entrenamiento continuo que debe llevarnos a identificar la compulsión, reconocer las emociones que la causan, dejar la culpa de lado y hacernos de herramientas para cambiar de hábitos.

Esta es la filosofía de la Nutrición Laboral: abrir una oportunidad de cambio para impedir que la compulsión alimenticia emocional siga deteriorando el rendimiento laboral de las organizaciones y dañando a las personas.

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