Reflexiones

Conectarse con el placer

El cerebro humano está compuesto por billones de neuronas, que se encuentran como “flotando” en una red. La forma de comunicarse entre sí, es a través de diversas sustancias químicas, que funcionan como mensajes dentro de una botella. Estos mensajes son liberados por ciertas neuronas, son enviadas al espacio interneuronal, para ser llevados a lugares específicos donde son interpretados y así lograr una respuesta. La precisión con que funciona este sistema de comunicación es maravilloso.

Estas sustancias químicas deben existir en una proporción adecuada. De no ser así, se produce una falla en la comunicación, generándose diversas enfermedades neurológicas y psiquiátricas.

A través de la evolución de la especie, se ha generado un mecanismo que equilibra las pautas de búsqueda de placer. Cuando se realizan acciones como comer, hacer ejercicio físico o mantener relaciones sexuales, se produce un aumento en la liberación de una sustancia que se llama dopamina. Esta dosis de placer que se produce naturalmente, es la que determina que uno se sienta deseoso de repetir aquellas acciones que nos resulten gratificantes. Pero deben ser acciones positivas para nuestra salud y nuestra supervivencia.

Un factor importante a tener en cuenta, cuando existe algún trastorno o comportamiento anormal, es el desequilibrio en la cantidad de estas sustancias químicas. En el caso de una desproporción de dopamina existente en el cerebro, puede generar trastornos como la depresión, la falta de voluntad, la ausencia de placer, adicciones diversas como tabaquismo, alcoholismo, juego patológico o compras compulsivas. Diversos estudios han demostrado que las personas obesas, tienen una disminución de dopamina, lo que genera la insatisfacción al comer y la necesidad consecuente de aumentar la ingesta de alimentos.

No hay una causa directa que genere conductas inapropiadas. Es una consecuencia de la interacción de diversas condiciones, como las psicológicas, genéticas, culturales y neuroquímicas.

Con respecto a nuestra genética, cultura, experiencias y vivencias probablemente no podremos modificar lo ya existente. Los médicos a través de sencillos análisis de sangre podrán determinar si existe un desarreglo neuroquímico.

Pero nosotros sí tenemos la posibilidad de intervenir, en cuanto busquemos la modalidad de gratificarnos en forma responsable. Claro que comer una torta de chocolate o salir de shopping puede resultar placentero. Pero también efímero, cuando se traduce luego en un aumento de peso o en la preocupación de pagar las cuentas de la tarjeta. Se puede optar por cambiar esa torta por un yogurt, una fruta o un helado dietético, salir a caminar, conectarse con la naturaleza, realizar actividades en grupo y sobre todo reírse y mucho...

Les aconsejo: desenchúfense!!! Y no se pierdan en la búsqueda permanente de situaciones gratificantes, que cada uno sabe que es lo que necesita...

Una vez más, ha sido un placer,

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