Reflexiones

Cuando nos cuesta “desenchufarnos”…

¿Cuántas veces percibimos esa sensación de tensión corporal que nos hace sentir agobiados, al límite de nuestras capacidades, con pensamientos y emociones que sólo logran alimentar ese estado de estrés?

La actividad cotidiana, tanto laboral, escolar o social, que muchas veces llevamos a un ritmo cada vez más acelerado hace que no nos permitamos un espacio para el relax. Creemos que haciendo más cosas en menos tiempo las vamos a terminar antes, pero en realidad solo logramos sobrecargarnos con nuevas tareas ¿Porqué no nos permitimos tomarnos un descanso para fortalecernos tanto física como espiritualmente?

En la escuela, en la facultad y en cada trabajo nos enseñan a estudiar, a razonar, a interpretar, a realizar una tarea; pero ¿quién nos enseña a desconectarnos de las tensiones que solemos auto-generar?

Acá es donde cada uno es responsable de adquirir técnicas para modificar esos hábitos nocivos que nos auto-promovemos y sostenemos.

Así como los deportistas a través del entrenamiento gradual, progresivo y sostenido, mejoran sus habilidades físicas, es a través del entrenamiento de la mente que se pueden obtener conductas que aporten una mejoría en nuestra calidad de vida.

Una de las técnicas que propongo es la relajación, en donde la distensión muscular y mental, intentarán brindar una sensación de calma y bienestar. Toda relajación tiene un componente corporal en donde se debe buscar la total distensión de los músculos, y un componente mental en donde se aplica la estimulación de la imaginación a través de las representaciones de imágenes agradables, el hecho de intentar no pensar en nada o en dejar divagar nuestros pensamientos.

Es a través de la relajación que lograremos una situación opuesta a la que nos provoca el estrés: aumenta el poder de concentración, la capacidad de evaluar y solucionar problemas, aumenta la capacidad física y mental, logra mayor concientización de la respuesta emocional ante distintas adversidades, optimiza la capacidad de descanso, afloja las tensiones y produce un descenso de la ansiedad cotidiana. En fin, son muchos los beneficios que se obtienen a través de la relajación, para la cuál hay diversas técnicas. Cada uno debería buscar la que le sea más gratificante, la que se adapte a las necesidades y la que le sea posible realizar.

Aportes para la relajación:
1. Tener una actitud dispuesta a ejercitarse en la relajación. Desprenderse del: “tengo que lograrlo” y adoptar el “intentaré”.
2. Realizar la relajación en una habitación cálida, con luz tenue, con alguna música que fomente la relajación y con algún aroma agradable.
3. Preferentemente realizarlas en horario de la mañana. Si no es posible, que sea antes de las comidas.
4. Saber que no se va a ser interrumpido durante la ejercitación.
5. Adoptar una posición cómoda, como por ejemplo acostado boca arriba o en un sillón.
6. Cerrar los ojos.
7. Tomando conciencia de la posición adoptada, comenzar a relajar los músculos empezando por los pies y las piernas, las manos y los brazos, el abdomen, la espalda, el cuello y la cara.
8. Respirar naturalmente por la nariz, en forma lenta.
9. Visualizar algún objeto o situación. A mí me resulta el imaginarme estar recostada a la orilla del mar.
10. Desplazar los pensamientos desagradables.

En la relajación, como en la vida, no hay fórmulas específicas. Uno debe ir adoptando una actitud, un hábito, un estilo de vida ante cada nueva situación que surja. Y no utilizarlo como un ancla, si no más bien como una herramienta que nos aporte una mejor calidad de vida.

Me despido cordialmente,

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