Reflexiones

¡Socorro, me olvidé las cosas!

¿Cuántas veces habré escuchado esta frase durante una consulta médica? Es frecuente que personas jóvenes, en plena actividad social y laboral, en algún momento de su vida, se plantean que tienen la sensación de que se están “olvidando” cosas, momentos, situaciones e incluso diálogos que han mantenido recientemente. Su mayor preocupación es estar perdiendo la memoria.

¿Se acuerdan de los grabadores y los casettes que se usaban para grabar música? Quien tenga más o menos mi edad… sabrá de lo que estoy hablando.

Primero necesitábamos un casette que esté intacto y un grabador cuya función no tenga fallas. Grabábamos un diálogo, canciones o sonidos, y una vez finalizada la operación, escuchábamos a ver si era nítido. Transcurrido un tiempo, cuando teníamos ganas de escuchar ese tema otra vez, reproducíamos el casette y ahí estaba esa melodía que añorábamos recordar.

Podemos comparar -aunque rudimentariamente- la función de nuestra memoria con un casette. Nuestra memoria funciona de forma muy similar, obviamente con mayor complejidad, pero no es este el tema de esta nota.

A través de las sensaciones y las percepciones, registramos lo que pasa con nosotros, nuestro alrededor, y lo vamos grabando. Para grabar es necesario estar despierto y atento. Lo que vamos registrando, queda retenido un cierto tiempo. Si la información no es útil, nuestro cerebro lo va descartando, hay ciertos “olvidos” que son necesarios y fisiológicos. Lo que se considera importante queda registrado. Según el tipo de información, queda fijado para ser evocado con mayor o menor facilidad (volver a escuchar esa melodía que habíamos guardado). Aunque no tengamos presente todo el tiempo recuerdos del pasado, algunas situaciones hacen que dichas experiencias sean recordadas y relacionadas con las vivencias actuales.

Un factor fundamental para la fijación de hechos sucedidos es la intensidad y el efecto emocional que nos ha producido. ¿Quién no recuerda que estaba haciendo cuando el segundo avión impactó en las Torres Gemelas? Pero probablemente no se recuerde que libro estaba uno leyendo en dicha época.

La memoria es descripta en etapas, también conocida como tipos de memoria, según cuál sea el proceso.

Memoria de fijación: es la etapa en donde se capta la información. Depende de varios factores que intervienen: la atención y concentración, el interés y la motivación, la intensidad de los estímulos, el estado afectivo. Es procesado por distintas estructuras cerebrales que se encuentran en estrecho contacto entre si. En un primer momento, se establece una retención que es inestable. Solo dura algunos minutos y es la memoria de corto plazo.

Memoria de conservación: es necesario que esa información registrada, luego de ser procesada, sea almacenada para luego poder ser recordada. La capacidad de conservación también está influenciada por las emociones, el estado de ánimo y la intensidad del estímulo. En esta etapa es necesario, para su buen funcionamiento, un factor que es natural e imprescindible: el olvido. Necesitamos olvidar para poder seguir recordando. Si no fuera así, seríamos el protagonista de “Funes, el memorioso” de Jorge Luis Borges.

Memoria de evocación: en esta fase la memoria relaciona los hechos del pasado (que están conservados) con los actuales. La evocación puede ser consciente y voluntaria, en donde se “busca” el recuerdo; o consciente y espontánea, cuando el recuerdo surge en forma involuntaria y la evocación es automática e inconsciente, como cuando uno realiza una actividad ya conocida como operar una máquina o manejar.

Memoria de reconocimiento y ubicación temporal: Es la etapa en donde se procesa el recuerdo identificándolo en el tiempo, lo que permite reconocer el tiempo que ha transcurrido.

Para que la función de la memoria sea normal, es indispensable que las demás funciones psíquicas estén conservadas. Existen diversas situaciones, algunas de ellas más graves que otras, en donde el sistema de la memoria falla. Por supuesto que hay que evaluar cada caso en particular y ver que etapa de la memoria está comprometida.

Situaciones como el estrés, el insomnio, la ansiedad, la angustia, son factores que no permiten que los sucesos sean fijados correctamente. No se recuerda con exactitud el diálogo mantenido con un familiar, pero sí se recuerda el encuentro o la llamada. No se encuentran las llaves que se tenían hasta hace un rato en las manos, justo antes de atender el llamado. Los anteojos no están en ningún lado, aunque los buscamos en todos lados menos en el único lugar en donde suelen estar: puestos!

La memoria es la capacidad psíquica que tenemos de fijar, conservar, evocar, reconocer y localizar experiencias del pasado. No todos los olvidos significan que estamos en presencia de algún trastorno de la memoria. Hay ciertos olvidos que son normales, fisiológicos y totalmente necesarios.

La memoria hace que seamos lo que somos, que tengamos identidad. Y seremos en tanto conservemos nuestra memoria.

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